El intercambio de casas es para nosotros la manera más bonita, auténtica y humana de viajar, pero además, cuando se practica respetando los valores y principios que le son propios, estas cualidades también hacen de él una de las formas más responsables de viajar. ¿Por qué?

Juntos, luchamos contra el turismo de masas: porque al intercambiar casas, también intercambiamos estilos de vida. Puedes compartir trucos, visitar lugares menos turísticos, fuera de los circuitos saturados y consumir como un local. En lugar de concentrar a los viajeros en las zonas turísticas sobre explotadas, el intercambio de casas valora las regiones y el turismo local, utilizando casas vacías en lugar de saturar sólo las zonas turísticas. Incluso en las grandes ciudades como París, Londres, Madrid o Barcelona, los intercambios se hacen desde el respeto a la cultura local: el HomeExchanger vive la ciudad de verdad, como un local.

Christelle y Jon, 21 intercambios
“Antes de HomeExchange, visitaba ciudades, hoy me tomo el tiempo de vivirlas igual que un local. Vivo en casas de verdad, no en hoteles y puedo cocinar y comprar en los mercados locales.”

- Rosario

No contribuimos a la construcción masiva: en lugar de construir nuevas infraestructuras para alojar al turismo de masas en las zonas que ya están superpobladas y de destruir ecosistemas naturales, el intercambio de casas permite aprovechar las casas y apartamentos que se quedan vacíos durante las vacaciones atenuando así el impacto negativo sobre el medio ambiente. El intercambio de casas no es un medio financiero, no favorece el incremento de precios de los alojamientos que obliga a los habitantes de muchas ciudades a irse por no poder permitirse vivir en ellas.

Creamos un turismo de economía circular e igualitaria: este verano, habéis ahorrado unos 15 millones de euros gracias al intercambio de casas. Este ahorro se invierte en la economía local, en los comercios o los restaurantes cercanos, favoreciendo de esta forma una distribución más igualitaria de los beneficios económicos, algo que se aleja bastante de fomentar el turismo estandarizado y destructor de los valores éticos.

Anita, 7 intercambios
Con el ahorro en alojamiento- “Me pude comprar un cuadro de un artista que conocimos en la calle y que estaba de residencia artística en París. Estaba pintando la cafetería en la que cenamos esa noche cuando empezamos a hablar. Nos invitó a subir a su apartamento y lo visitamos encantados. Nos enseñó su trabajo, nos tomamos unas copas y me compré este bonito cuadro. Disfruté muchísimo ese momento.”

- Anita

El intercambio de casas hace viajar a miembros responsables. En la actualidad el turista suele ser espectador de una cultura, la mira sin explorarla y el intercambio de casas hace que el compromiso, la voluntad y la limitación de tiempo vuelvan a estar en el centro de tus experiencias. ¿A quién de vosotros no le ha costado un buen esfuerzo encontrar el primer intercambio? Por otro lado, también es habitual que acabemos viajando a sitios inesperados tras recibir una propuesta de intercambio sorpresa. Viajar de forma responsable también es no ceder a la comodidad de comprar un billete de avión y reservar un hotel con sólo hacer click, es aceptar los imprevistos y agotar las posibilidades. Se recorren largos caminos antes de llegar a los destinos: nos esforzamos por descubrir una región y adoptamos la mirada del habitante del lugar. A cambio alojamos a alguien en casa, nos esforzamos por comprender e integrarnos en la cultura local. Viajar de forma responsable es respetar una cultura que quizás antes ni conocíamos.

Kari, 10 intercambios
“Para mí el intercambio de casas es una forma única de promover el turismo colaborativo. Hoy día en el turismo todo se paga, pero hay muchas cosas que tienen un valor muy por encima del comercial. En nuestra familia nos encanta descubrir lugares nuevos, pero lo que realmente marca la diferencia en nuestros viajes son los vínculos que se crean con la gente que conocemos.”

- Myriam